Resfríos de niños

“Y el séptimo ángel tocó la trompeta, y todos se contagiaron de un resfrío de niños” – Apocalipsis para padres, 11:15.

Es en serio, todas las personas con hijos saben que la peor peste que puede existir en el mundo es un resfrío de niño. Si tú no tienes hijos, debes estarte preguntando que tiene de distinto un resfrío normal a un resfrío de niño, bueno, el resfrío de niño es terminal.

Cuando en casa el paciente cero Sofía trae un resfrío ya sabemos más o menos que se viene las siguientes semanas. La completa aniquilación de la humanidad La cuarentena se da en más o menos las siguientes etapas:

Etapa 1: Contaminación Inicial

Sofía llega con algo de mocos a la casa. Cuando me doy cuenta, ese día ya no la dejo salir al parque. A su edad, ella ya conoce el procedimiento, así que como buena sobreviviente, esconde la mordida del zombie los mocos para no tener que sufrir las consecuencias y termina saliendo al parque igual.

Si llega a salir, cuando regresa los mocos ya son bastante obvios. Todo está perdido, ya no es cuestión de no enfermarme, es cuestión de sobrevivir.

Etapa 2: Contagio

Esa noche, Sofía lo pasa un poco mal. Normalmente es cuestión de darle algún jarabe para los mocos y cuando se ha dormido (porque odia el olor) un poco de Vaporub, y listo.

La segunda noche es un poco más dura, los mocos se han convertido en flema, y por lo tanto en tos. Cuando Sofía tose parece que necesitara un exorcismo, es algo a lo que jamás me voy a acostumbrar. Esa noche le doy el siempre fiel Mucosolvan, uno especial que ha sido bendito por El Papa y está hecho con lágrimas de virgen que llora.

Es en esta etapa me siento feliz de ver como mi pequeña se siente agradecida por los cuidados y me llena de besos y me dice “gracias papito”. ¡Pero es todo un engaño! ¡No se dejen engañar! Es el virus que se ha apoderado de ella y sólo está buscando un nuevo huésped. Cada uno de sus besos lleva inevitablemente el mortal virus hacia mi sistema.

Etapa 3: Pasión y Redención

Al tercer o cuarto día Sofía ya está mejor pero es aquí donde a mi me empieza a fastidiar la garganta y se me secan los ojos. También me molestan un poco los oídos, especialmente una voz que dice “eres mío adulto, ya te tengo”.

Esa noche el bien y el mal libran una batalla en mi organismo en medio de escalofríos. A la mañana siguiente, soy solo los restos de lo que solía ser, una criatura que no está ni viva ni muerta, condenada a deambular por el mundo mi casa, por toda la eternidad los próximos dos o tres días.

Durante ese tiempo básicamente me quedo en mi cama, implorándole piedad al cielo. Felizmente tengo la suerte de que Sofía es súper considerada conmigo y me cuida como puede a sus 5 años: Me alcanza papel cuando se termina, me deja dormir y me tapa con sus frazadas. Es en ese momento que Dios se apiada de mi y expulsa al demonio de mi cuerpo. Praise the lord!

Epílogo

Yo se que para un niño, resfriarse es parte del proceso normal de construir sus defensas y destruir las mías, así que en casa mantengo un pequeño stock de medicamentos para ella y para mi. Están guardados en un cajón al lado de una Biblia, una estatuilla de Buda, una estampilla de Ganesha, y una foto de Tom Cruise.

Que Dios nos ampare.


Este post fue originalmente publicado en el blog de la Clínica Delgado

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