Yo te lo dije

En la vida de todo padre hay una etapa en la que tiene siempre la razón sin tener la necesidad de tener un argumento real. Al comienzo todo es más o menos así:

“Papá, por qué no puedo entrar a la piscina? — Porque no.” “Papá, por qué no puedo comer otro chocolate? — Porque te he dicho que no.” “Papá, por qué no puedo saltar en la cama? — Porque yo soy el adulto y he dicho que no.”

Pero en la vida de todo padre también hay un momento en que pierde el derecho a tener siempre la razón. Yo pensaba que eso me iba a durar como hasta que Sofía cumpla 10 años. Iluso.

Todo empezó hace algunos días cuando Sofía y yo fuimos al parque de las leyendas. Yo metí mi laptop en el carro. Al salir del parque abrí la maletera del auto para estar seguro de que mi laptop seguía ahí. No estaba. Me puse blanco y empecé a sudar frío. Llamé al vigilante y empecé a explicarle lo sucedido:

  • Yo: “Bueno, mira pasa que vine al parque a las 10 de la mañana, y al salir hace 5 minutos, he visto que mi laptop ya no está en la maletera.”
  • Vigilante: “Señor, me está usted diciendo que han sustraído una laptop de su vehículo.”
  • Yo: “Sí, eso estoy diciendo”.
  • Sofía: “Papá, yo vi la laptop en el sillón.”

El vigilante me mira con cara de sospecha. Sofía tiene una sonrisa de oreja a oreja.

  • Yo: “Sofía, estás segura?”
  • Sofía: “No, no. No dije nada.”

Seguí hablando con el de seguridad, quien llamo al supervisor. Yo empecé a dudar de mi memoria.

  • Yo: “Buenos días señor, mire pasa que vine al parque a las 10 de la mañana, y al salir hace 5 minutos, he visto que mi laptop ya no está en la maletera.”
  • Supervisor: “Señor, me está usted diciendo que han sustraído una laptop de su vehículo.”
  • Yo: “Sí, eso creo”.
  • Sofía: “Papá, yo vi la laptop en el sillón.”

El supervisor me mira con cara de sospecha. Sofía tiene otra vez una sonrisa de oreja a oreja.

  • Yo: “Sofía, estás segura?”
  • Sofía: “No, no. No dije nada.”

El supervisor llamó al jefe de seguridad.

  • Yo: “Pasa que vine al parque y ahora he visto que mi laptop ya no está en la maletera.”
  • Jefe de seguridad: “Señor, me está usted diciendo que han sustraído una laptop de su vehículo.”
  • Yo: “Creo que sí, pero la verdad ya no se.”.
  • Sofía: “Papá, yo vi la laptop en el sillón.”

El jefe de seguridad me mira con cara de sospecha. Sofía tiene POR TERCERA VEZ una sonrisa de oreja a oreja.

  • Yo: “Sofía, estás segura?”
  • Sofía: “No, no. No dije nada.”

Al final acordé con el jefe de seguridad en ir a mi casa a ver si la laptop estaba efectivamente ahí. Sofía llegó dormida a la casa, pero apenas escuchó que habíamos llegado se paró de un salto.

  • Yo: “Sofía, voy a ver si está la laptop, espérame.”
  • Sofía: “No no no, yo quiero ir contigo.” — mientras en su cara se iba formando una sonrisa.

Llegamos a la puerta del departamento, y al abrirla, efectivamente, en el sillón estaba la laptop.

  • Yo: “Ufffff…” — y en ese momento el color volvió a mi cara.
  • Sofía: “Yo te lo dije”.

Oh no. Sentí el sudor frío en la frente. Pude sentir como todo mi mundo se caía a pedazos. Vi en cámara lenta como mi autoridad de padre caía al suelo y se hacía polvo.

Volteé a mirar a Sofía y ella, nuevamente, tenía una sonrisa de oreja a oreja.

Nada volverá a ser lo mismo. Nunca jamás.

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